Un año en Reno

En este diario iremos compartiendo algunas de las experiencias -espero que la mayoría de ellas agradables- durante los diez meses de estancia, día más día menos, como William A. Douglass Distinguished Scholar en el Center for Basque Studies de la Universidad de Nevada, Reno.

lunes, 10 de marzo de 2014

Mi apartamento desde fuera

Como hay quien todavía no entiende bien eso de dónde está situado mi apartamento, paso aquí unas fotos de la fachada exterior. Esos locales cubiertos de cristales reflectantes, separados de la acera por una especie de valla pintada de verde, y protegidas del sol por toldos, igualmente de color verde, son los tres apartamentos de los visiting scholar de la CSU. Inaugurados en septiembre tras haber sido acondicionados por la Fundación Fort, que es la que financia además la otra beca semianual que tiene la CSU, la de Estudios Europeos.
Como se ve, el lugar en el que estoy aposentado es una residencia de estudiantes, mitad en un edificio antiguo reformado, mitad en uno de nueva construcción pero imitando el estilo brick&mortar propio del downtown. Lugar agradable, un poco concurrido depende a qué horas, y seguro, ya que al lado mismo están las oficinas de la policía universitaria.




P.D.: No, la policía universitaria no se dedica a perseguir a los alumnos que copian o no entregan su trabajo a tiempo, sino que tiene a su cargo la seguridad en el campus universitario y todos sus edificios, incluido este.

sábado, 8 de marzo de 2014

Carrera solidaria

Esta es la entrada que iba a haber puesto originariamente ayer sábado, y que finalmente cambié debido a la emoción del descubrimiento gastronómico, razón suficiente para darle prioridad. Ahora voy a contar cómo es que acabé a las 9 y media de la mañana en mitad de un mercado en el downtonw (o, como dicen aquí, uptown) de Columbus.
Como quizá ya sepan, mi apartamento está a nivel de la calle y separado de esta por una inmensa cristalera, opaca desde fuera, que me permite estar en la intimidad del hogar mientras tengo una vista perfecta de la calle y de lo que pasa por ella. Al principio es un poco raro, siempre tienes la sensación de que en cualquier momento alguien de fuera va a fijar su mirada en ti. No ocurre así, y con el tiempo es hasta divertido.
Así que esta mañana, según me levanté y me dirigí al comedor a hacerme el desayuno, al abrir los estores que suelo poner durante la noche, me encontré con esta manifestación cruzando por la acera de enfrente. Todos ellos -o la mayoría- vestidos de naranja. Y eran cientos, en una fila interminable. Así que hice lo único que una persona normal habría hecho. Acabar rápido el desayuno, y prepararme cámara en mano para seguir a esta gente para saber adónde o de dónde venían y por qué.
Y la respuesta estaba a una cuadra y media, en una pequeña plaza junto al río Chattahoochee, el que hace la frontera entre Georgia y Alabama. Se trataba de una carrera/paseo popular organizado por una institución caritativa local, la Open Door Community House. Bastante ambiente para la hora temprana que era, con refrescos, café, y música. A mi eso de bailar no es que se me dé bien, pero hacerlo un sábado por la mañana tampoco es que me parezca la mejor hora, así que decidí volver para casa. Y es ahí donde encontré el pan.




¡Pan de verdad!

Y que me perdonen los americanos y americanas, pero es que a estas alturas de la vida, uno tiene ya el paladar hecho a una gama muy estrecha de sabores y texturas, y aunque siempre intento probar todas las particularidades gastronómicas de los sitios a los que voy, a veces sin embargo echo de menos esas pequeñas tonterías cotidianas de las que solo nos damos cuenta cuando estamos fuera de casa.
Y una de esas es el pan. El de verdad, ese que tiene corteza dura, cruje, y no se encoje y estira cuando se lo aprieta.
Desde luego, yo ya había venido concienciado de que aquí no se puede esperar encontrar pinchos de tortilla en las tabernas, o menúes de dos platos con cocido de primero, ni cosas similares. Pero así y todo, cuando cocino en casa -sí, a veces cocino, no solo hago parrilladas veraniegas- intento hacer cosas a las que estoy acostumbrado. No tanto por home-sick, sino porque mis habilidades como cocinero son muy limitadas, la verdad. Y esto no incluye la receta de cómo hacer pan.

Así que podrán imaginarme si sorpresa y alegría, a partes iguales, cuando esta mañana, al salir de casa y doblar la esquina entre la 10th -donde yo vivo- y Broadway -que era la calle principal de la parte antigua de Columbus, y centro comercial en su tiempo-, me encontré con un animado mercado. Según he creído comprender, se instala todos los sábados por la mañana, y hay puestos de productores locales de verduras, leche, queso, miel y.... efectivamente: una panadería que ofrecía esas maravillas que se ven ahí. Diferentes tipos de pan como los de casa, e incluso cruasanes -o como se escriba- y otras delicias similares.
Luego he probado el pan, no me podía resistir, y ciertamente un experto gourmet en temas harineros podría poner algunas objeciones, pero qué les voy a decir. A mí me ha sabido a gloria.
Como, por cierto, también sabían los macaroni que les compré a este simpático trío, que tenían su propio puesto en el mercado, y que me convencieron tras toda una parrafada propagandística de la que entendí la mitad, cosas de mis problemas con el acento del sur, que tiene sus peculiaridades. Como postre, casi mejor que el pan.


miércoles, 5 de marzo de 2014

Menudo apartamento

Esta mañana, tras finalizar la clase con los alumnos de Vitoria -su curso no acaba hasta fines de esta misma semana- me di el gustazo de hacer un poco de anfitrión y enseñarles el apartamento en el que me han instalado. Y es que no es para menos, es realmente una maravilla. Como podréis comprobar en las fotos.

Solo pongo las fotos de la sala - despacho - comedor - cocina, que ocupa más o menos la mitad del apartamento. Tiene además dos habitaciones con sus baños, y la típica -en las casas americanas- habitación de servicio con los electrodomésticos más grandes. Bien equipada, y sobre todo, totalmente nueva, porque estos apartamentos fueron inaugurados hace apenas seis meses, al comienzo del curso, como residencia para los visitantes extranjeros que vienen a esta universidad. Fundamentalmente son dos los que vienen regularmente todos los años: el Fort Visiting Scholar in European Studies, en la primera mitad del curso, y el Amos Visiting Scholar  in Latin American Studies en la segunda mitad.

He de reconocer que cuando llegué al apartamento estaba lo bastante cansado del viaje como para no darme cuenta de muchas cosas. Por ejemplo, que están situados a pie de calle, y de hecho se entra directamente, sin pasar por ningún portal. Y lo que es mejor: no tiene paredes, sino que toda la parte del apartamento que da a la calle lo ocupa una inmensa cristalera, del techo al suelo. Al principio asusta eso de estar desayunando mientras ves como la gente pasea por la calle apenas a un metro de distancia, pero lo cierto es que, como bien he comprobado, los cristales están tintados por fuera, y son casi como un espejo. Incluso de noche no dejan ver lo que hay en el interior.  Y desde luego hace que el apartamento tenga muy buena iluminación.



 Puede decirse que está preparado para el trabajo. Tengo dos televisiones en el apartamento, una al lado del rincón de trabajo, y la otra en la habitación, pero ninguna de las dos funciona. Bueno, una sí, la de la sala. Pero solo se puede ver un canal de telepredicadores. Igual intento más adelante ver si puedo ver algún canal más. Al menos alguno de deporte, o de películas, para poder pasar el rato. Aunque por ahora tiempo no es lo que me sobra, con la preparación de las clases.


lunes, 3 de marzo de 2014

Vuelta a la acción

Remotamos aquí este diario personal de las experiencias USA. Esta vez en la otra parte del país, en la costa este, y en el sur más auténtico. A una hora de coche de Atlanta, en la frontera entre Georgia y Alabama, una pequeña ciudad de 300.000 habitantes.

Oficialmente seré el Elena Diaz-Verson Amos Eminent Scholar in Latin American Studies, como puede comprobarse aquí. Lo de "eminent" no es una broma, y sinceramente, después de ser Distinguished en Reno, era el paso obligado. He estado indagando sobre quién era la señora en cuyo honor se impulsó el puesto que me trae a los Estados Unidos este año. La entrada a su biografía que le dedica la Enciclopedia de Georgia dice que era una exiliada cubana, que tras su marcha a los EE.UU. tras la revolución, acabó casada con John Amos, fundador de Aflac. ¿Y qué es Aflac? Una importante compañía de seguros, que siguiendo el modelo imperante en España, sigue medio siglo después de su creación manteniendo sus cuarteles centrales en Columbus. Lo que ha convertido a su pato en uno de los más famosos personajes de la ciudad, junto con el otrora famoso speaker de la cámara de representantes, Newr Gingrich -sí, aquel que intentó hacer leña del árbol caído cuando el affaire Clinton-Lewinski-. Aquí os pongo una foto suya -del pato, no de Gingrich-.

En fin, que tengo que dar gracias a este simpático pato que me ofrece la oportunidad de volver a experimentar en persona la vida americana. Y en esta ocasión, como docente.

domingo, 19 de febrero de 2012

Un hotel histórico en Los Ángeles

Así es como se anuncian los del Mayfair Hotel, a dos cuadras -que dirían los argentinos- del downton de Los Ángeles. Está relativamente bien situado, aunque de noche el barrio no da excesiva buena espina, pero sobre todo destaca por que es un hotel a la antigua usanza. Un rascacielos de los años 30, que se ha quedado pequeño al lado de los monstruos de metal y vidrio al otro lado de la autopista 110, pero que tiene su encanto, la verdad.


Si el exterior es sobrio, como los son las habitaciones, hay que reconocer que deslumbra un poco al entrar el lobby, que no sé por qué me recordaba al del hotel Pennsylvania en Nueva York. Quizá porque sean exponentes de la misma época, aunque a este hotel en el que estoy ahora le acaban de lavar la cara y -como dicen los mexicanos- luce muy nuevo.



Eso sí, la vista desde la habitación es fabulosa. He intentado sacar una foto pero soy un poco manta con esto de los objetivos y las velocidades de exposición, así que he encontrado en internet una que se le parece, y aquí os la pongo.


Lo mejor de todo, en todo caso, es que la adaptación lingüística ha sido mejor que nunca. A fin de cuentas, quitando Reno (y Vitoria) es la ciudad en la que más veces he estado durante el último año...

lunes, 6 de febrero de 2012

Equilibrio inestable

Vaya susto que me pegué el pasado mes de junio, a mi regreso definitivo tras finalizar mi scholarship en Reno. Así me recibieron en Europa, en el aeropuerto de Munich. Un arriesgado empleado alemán jugándose el tipo en un equilibrio inestable...


De todos modos, tiene truco. Si pueden ampliar la foto se percibirán de la hábil jugada propagandística que nos han endilgado los creativos de turno. Es que no ganamos para sustos.